jueves, 22 de mayo de 2008

Chistes politicos y chistes de politica

Chistes politicos y chistes de politica

--Papá, papá, ¿Todos los cuentos empiezan con "érase que se era"?...
--No hijo, algunos empiezan con "Si mi partido gana las elecciones"...

Plebiscito es una palabra en diminutivo, porque lo que menos figura en él es el voto de la plebe.

--¿En qué se parecen los políticos a los pañales?
--En que hay que cambiarlos a menudo, y por la misma razón.

--¿Por qué los políticos son una prueba de la reencarnación?
--Porque nadie puede hacerse tan retorcido en una sola vida.

--¿Tú sabes cuál es la diferencia entre el capitalismo y el socialismo?
--Pues no.
--El capitalismo es la explotación del hombre por el hombre; el socialismo es justo al revés.

Un político está de gira electoral en un pueblo.
Durante su discurso, nota que en el fondo de la sala hay un paisano que cada vez que él dice algo, hace movimientos negativos con la cabeza.
Preocupado por la presencia de este escéptico, al terminar de hablar le pide a un asistente que lo llamen, pensando que es un opositor.
--¿Qué tal, amigo? -dice con la eterna sonrisa de los políticos en campaña-.
--Bien, -responde el hombre tímidamente-.
--A qué se dedica Usted?
--Soy viajante.
--Y dígame una cosa, amigazo... -le dijo el político mientras le tomaba el brazo en gesto de confianza-...
Le puedo preguntar... ¿Por qué mientras yo comentaba acerca de mis logros y mi programa Usted hacía señas de dudas con la cabeza?
--Es que justamente, como viajante que soy, he pasado por casi todos los lugares que Usted ha mencionado en su discurso y en ningún lado he visto las obras que Usted dijo conocer...
--¡Pero Hombre! -exclamó el político con voz de campaña-, lo que pasa es que ¡Hay que leer más y viajar un poco menos!

En la casa de un político, el matrimonio está nervioso pues al día siguiente son las elecciones.
Comenta la esposa:
--¿Y si no te eligen esta vez, qué vas a hacer?
--Pues la verdad, no lo sé.
--¡Cuántas veces te he dicho que te decidieras a aprender un oficio!

Llevan a un diputado, acusado de corrupción, por blanquear dinero negro, de trafico de armas e influencias, etcetera, ante el juez.
--Verá, Señoría, es que yo soy diputado y...
Y le dice el juez:
--¡La ignorancia no es una excusa!

Esto es uno de los leones de las Cortes que se pone malo, y traen un sustituto.
Cuando ve llegar a un mogollón de gente pregunta:
--¿Y quienes son esos?
El otro león le contesta:
---Esos son los diputados que van al hemiciclo.
Al cabo de un rato, se oyen gritos en el interior:
--¡Mamarracho!, ¡Vendido!, ¡Corrupto!, ¡Tránsfuga!, ¡Delincuente!...
El nuevo león pregunta asustado:
--¿Y eso? ¿Qué ocurre?
Y el viejo león responde:
--¡Bah! ¡No te preocupes, ¡Es que están pasando lista!

Mohandas K. Gandhi cambiaba de opinión en publico bastante a menudo.
Un día, un ayudante suyo le preguntó por qué contradecía tan descaradamente lo que había dicho la semana anterior, y Gandhi le contestó:
"Es que esta semana soy más sabio".

Durante la primera guerra mundial, un borracho está en una calle del centro de Berlín gritando a voz en cuello:
--¡EL KÁISER ES UN IDIOTA! ¡EL KÁISER ES UN IDIOTA!
Rápidamente, aparecen dos agentes de la policía secreta, que le dan de hostias, y lo detienen por traición, y se lo llevan a rastras.
El pobre borracho empieza a implorarles:
--¡Pero si me refería al káiser austríaco!
--No puedes engañarnos, nosotros sabemos cuál es el idiota.

Yoshiyama a Fujimori:
--Señor Presidente, le tengo una noticia buena y otra mala.
--Dime la buena primero.
--El Sí encabeza las encuestas.
--Bien... ¿Y la mala?
--Ya nadie cree en las encuestas.

Entre las palomas y los políticos, es imposible mantener el Senado limpio.

En la Unión Soviética, un padre pasea con su hijo por la avenida Lenin.
Pasan junto a una estatua de Marx y el crío le pregunta:
--Papá, ¿Quién es ese señor?
--Ese señor es el que sentó las bases para quitarnos las cadenas.
Continúan caminando y pasan ante una efigie de Lenin.
De nuevo el crío hace la misma pregunta:
--Papá, ¿Quién es ese señor?
--Ése es quien empezó a quitarnos las cadenas.
Reemprenden el camino y finalmente llegan a un parque presidido por una estatua de Stalin.
--Papá, ¿Y ese otro señor?
--Es quien nos quitó las cadenas.
--¿Y qué eran las cadenas, papi?
Contesta el papá: Unas cosas de oro que llevábamos en el cuello.